Hoy queremos hablaros de la educación en positivo, una educación basada en el amor y respeto hacia nuestros hijos. Sin castigos, sin gritos y, sobre todo, sin «cachetes».
Esta metodología, disciplina positiva, tiene sus orígenes en los años 20 de la mano de Alfred Adler (psiquiatra infantil) y Rudolf Dreikurs. Sin embargo, no cogió fuerza hasta los años 80 donde, con Jane Nelsen al frente, se sistematizó y comprobó la cuan beneficiosa era para los niños y padres esta manera de educar.
Alfred Adler fue el primero en introducir un trato respetuoso a niños y a adolescentes pero advirtiendo de la peligrosidad de caer en la permisividad y la falta de límites. Por lo tanto, defendió el lema «Firm and Kind» (Firme y amable, límites con cariño). Adler implantó su metodología en Viena y fue, posteriormente, el Dr. Dreikurs, su discípulo tras la muerte de Adler, que, bajo la premisa «educación democrática», la llevó a EE. UU. En ese momento, empezó el cambio, ya que hasta entonces la educación se entendía como algo autoritario.
Sin embargo, en 1980 es cuando la disciplina positiva coge fuerza y se arraiga gracias a Jane Nelsen y Lignn Lot que escribieron el manual sobre la educación para padres «Positive discipline. Después de 35 años, educar con apego sigue en auge en América y Europa.
La crianza positiva y sus herramientas
Como puedes ver, esta filosofía de vida aplicada a la educación tiene como premisa el amor y respeto mutuo. El objetivo constante es transmitir a papás y educadores conocimientos sobre el desarrollo del niño en todas sus etapas y facilitar recursos para entenderlos siendo adultos concienciados, responsables y respetuosos.
Se trata de entender la conducta del niño y promover actitudes positivas que le enseñen a gestionar mejor su comportamiento y mejorar sus habilidades sociales y de vida.
Padres y maestros no pueden seguir funcionando como jefes, deben adquirir habilidades democráticas.
Rudolf Dreikurs
Pequeñas pautas para una educación en positivo exitosa
Ahora que ya sabes de donde viene y hacia donde va la disciplina positiva te dejamos una pincelada de consejos para lograrla:
- Respeto mutuo:
Debes concienciarte que tú y tu pequeño sois seres que merecen el mismo respeto, que ellos son pequeños pero no por ello menos válidos. No los infravalores.
- Hablar, escuchar, validar
No lo juzgues nunca, háblale, escúchale y valida sus emociones. La empatía es clave.
Debes entender que todo sucede por algo, que tu bebé no te torea. Para poder lograrlo con éxito, debes entender que es un ser en pleno desarrollo cerebral y que está aprendiendo a todos los niveles.
Por ejemplo, si tu bebé intenta construir una torre de bloques y se le cae varias veces, puede que se sienta frustrado y patalee, llore y se enfade. Primero, entiende que esta frustrado y que él no sabe que significa ni qué es lo que siente. No niegues la emoción diciéndole «ya está, no pasa nada, no llores» porque estarás reprimiendo su emoción y a la larga puede acarrear falta de autoestima, confianza e inteligencia emocional.
Prueba en acercarte, abrazarle y explicarle que es lo que siente, además de empatizar con su frustración. Veamos:
-peque ¿qué ha pasado?
Bebé llora
– ¿no te ha salido la torre?
Bebé llora
– ¿y cuándo se ha caído te has sentido mal?
Bebé se va calmando
– es normal, a mamá también le pasaría lo mismo, si se cayera así me sentiría frustrada
Bebé calmado
– ¿qué te parece si lo volvemos a intentar los dos juntos?
Bebé contento
Límites con amor
Esa es la gran duda, una de más claves que a mí me ayudó a comprender por dónde tenía que tirar, fue Álvaro Bilbao y su libro.
Imagínate que tu bebé va hacia la cocina, abre los armarios y coge la lejía ¿qué harías? Sin pensarlo dirías «no cariño» y seguidamente le explicarías lo peligroso que es.
Cuando quieras poner un límite en la educación de tu hij@ debe ser firme para que funcione, ya que el siempre intentará sobrepasarlo muchas veces hasta entenderlo. Cada vez que tengas que poner límites recuerda la determinación y seguridad que tienes como cuando coge la lejía pero siempre con cariño y amabilidad. Paciencia es un proceso lento, ambos estáis aprendiendo el uno del otro y recuerda que los límites son positivos para tener una buena autoestima y confianza.
Alentar, no alabar
Enseñar habilidades valiosas siempre mejora los recursos, capacidades, autoestima y confianza en sí mismo. Ingredientes básicos para una buena conducta. Intenta siempre enfocarte en su esfuerzo, concentración u otra habilidad que no sea simplemente en el resultado obtenido.
Por ejemplo, imagina que tu peque se concentra mucho para saber donde va la pieza del puzzle que tiene en la mano. Una vez lo consiga o no, resalta lo mucho que te ha gustado su esfuerzo y determinación para conseguirlo, poco a poco verás como mejora sus habilidades.
Una educación con resultados a largo plazo
Como ves, esto solo es una mini pincelada del gran mundo de la disciplina positiva. En este contexto, recuerda que se trata de enseñarle recursos para entenderse mejorando sus habilidades sociales y de vida. La crianza con apego se centra en una buena inteligencia emocional, confianza y autoestima; herramientas clave para una buena conducta.
Paciencia, lo estás haciendo bien, ahora estás sembrando y la cosecha llegará si la riegas con cariño.
¡¡Te animamos a seguir disfrutando del camino y te facilitamos una serie de libros que, quizás, puedas facilitarte las cosas!!
Educar sin perder los nervios – Tania García
Niños desobedientes, padres desesperados – Rocío Ramos-Paúl
Bésame mucho – Carlos González
Creciendo juntos – Carlos González
¡A por ello mamis!